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SELECTED PRESS / ESSAYS
ECOMUNDO
José Alvaro Ruiz, El arte y el fuego
Por Mirella Fernández C.
Julio 1999; Pagina 41
La puerta se abre y muestra las múltiples calles por donde hemos
de seguir camino. Escoges una de ellas, piensas ir en línea recta
para llegar más rápido a tu lugar. Pero sin saberlo, antes
de arribar, darás vuelta a la esquina porque la calle que elegiste
se hace demasiado angosta y ya no te illumina…
Esta bien, podría ser la descripcíon de las rutas tomadas
por el joven pintor peruano, radicado en Estados Unidos, José
Alvaro Ruiz, para llegar a ocupar el lugar que le correspondía.
Con tan sólo 23 años antes de dedicarse al arte, tomó
cursos en las areas de arquitectura, filosofía, literatura y
relaciones internacionales, hasta que en un viaje al Perú, descubrió
lo que verdaderamente deseaba: “limpiarme de las cosas que mi
cuerpo y mi mente no necesitaban”. Entonces las formas y colores
encontradas en su memoria, de la niñez vivida en su patria, tuvieron
seguro destino: ser base de su trabajo artístico. Pero el dedicarse
al arte suponía un nuevo reto “que me sumerge cada día
más en una permanente búsqueda de nuevas formas de expresión
de la belleza”.
Las huellas de un pincel no eran suficientes, era esencial emplear elementos
básicos y que sus obras tuvieran “vida propia”. Entonces,
utilizando fuego, agua, aire, tierra como experiencia para sus cuadros,
comienza a lograr su objectivo. Por ello, el sentir permanente de José
Alvaro es: “Quemo para crear, no para destruir”. “Más
que una técnica, el quemar, enterrar o dejar bajo la lluvia mis
obras son ceremoniales por los cuales un objeto inanimado logra tener
experiencias, cargándose de energía, y se podría
decir de vida”, obteniéndola de la mano del artista que
“deja ser” la asociación entre cuadro y elemento
fuego.
“Fuego que no destruye, sino: sombrea, illumina, cambia, en la
medida que yo se lo permito”. En cuanto al mensaje de sus pinturas
es que “el mundo está perdiendo su sentido de humanidad,
y por ende su propia existencia”. Donde el elemento más
puro es el fuego, que es el que da energía a sus pinturas, “mi
energía la impregno al fuego, la energía del fuego impregna
al cuadro; conteniendo todas estas, irradia una más potente…,
el resultado final es que la energía ha trascendido a la materia
y se ha convertido en un cuadro que siempre será único.
Mi arte expresa lo desconocido, el poder del silencio y las energies
que no son visibles”.
Obteniendo en 1999 el bachillerato en Artes Finas de la Universidad
de Maryland, planea hacer una maestría en pintura en New York
o San Francisco, manteniéndose siempre en constante actividad.
En mayo pasado tuvo tres exposiciones, en el Washington Art-o-Matic,
una subasta en Washington D.C. y una exposición en la galeria
Space Four.